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Cómo manejar la ansiedad en tiempos difíciles

Por Mg. Maritha Jaramillo, psicóloga clínica · lectura de 5 minutos

Manos en calma sobre una superficie de lino junto a un cuaderno abierto

La ansiedad no es un defecto: es un sistema de alarma. Su función es prepararnos ante lo que percibimos como amenaza. El problema aparece cuando la alarma se dispara demasiado seguido, demasiado fuerte, o frente a cosas que no podemos resolver en el momento. Entonces deja de protegernos y empieza a desgastarnos.

Cómo se siente la ansiedad

En el cuerpo: tensión muscular, respiración corta, taquicardia, molestias estomacales, dificultad para dormir. En la mente: pensamientos que giran en círculo, anticipación de lo peor, dificultad para concentrarse. En la conducta: evitar situaciones, revisar las cosas una y otra vez, pedir reaseguro constante. Reconocer estas tres capas es el primer paso, porque cada una tiene su manera de trabajarse.

Cuatro estrategias que uso en consulta

Regular el cuerpo primero. Cuando la ansiedad está alta, razonar no funciona. Antes de pensar, hay que bajar la activación: respirar de forma lenta (inhalar en cuatro tiempos, exhalar en seis), apoyar los pies en el suelo y sentir el contacto, relajar los hombros. Son gestos simples, y por eso mismo funcionan.

Nombrar el pensamiento. La ansiedad habla en forma de certezas: «va a salir mal», «no voy a poder». Desde el enfoque cognitivo-conductual trabajamos en separar el pensamiento del hecho. Escribirlo, ponerle nombre («esto es mi mente anticipando») y preguntarse qué evidencia real tengo, cambia la relación que tenemos con él.

Acotar la preocupación. Preocuparse todo el día no resuelve nada y agota. Una técnica útil es reservar un momento del día, de quince o veinte minutos, para pensar en lo que preocupa, y fuera de ese momento posponerlo conscientemente. Suena artificial, pero entrena a la mente a no estar en alerta permanente.

No evitar. Cada vez que evitamos lo que nos da miedo, el miedo crece un poco. Acercarse de forma gradual, con apoyo, a lo que la ansiedad quiere que esquivemos, es una de las intervenciones más efectivas que existen. En terapia lo hacemos paso a paso y a tu ritmo.

Cuándo pedir ayuda

Si la ansiedad te impide dormir, trabajar, estudiar o disfrutar de tus relaciones; si aparecen ataques de pánico; o si llevas semanas intentando manejarla sola o solo sin resultado, es momento de consultar. La terapia para la ansiedad tiene muy buena evidencia y, en la mayoría de los casos, los cambios se notan en pocas semanas.

¿Te reconoces en algo de lo que leíste? No es necesario estar en crisis para buscar ayuda. Escríbeme y conversamos sobre lo que estás viviendo.

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