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Cuidar la mente en la tercera edad: lo que sabemos del envejecimiento del cerebro

Por Mg. Maritha Jaramillo, psicóloga clínica · lectura de 5 minutos

Dos generaciones arman un rompecabezas en una mesa iluminada

«Mi mamá se olvida de las cosas, ¿será normal?» es una de las preguntas que más escucho en consulta y en clase. La respuesta corta es: depende de qué cosas, con qué frecuencia y cuánto afecta su vida diaria. Este artículo resume lo que trabajé en una clase espejo internacional con la Universidad San Marcos de Costa Rica sobre el envejecimiento del cerebro.

Lo que cambia con los años, y es normal

El cerebro envejece como el resto del cuerpo. Con la edad es esperable que el procesamiento sea algo más lento, que cueste más hacer dos cosas a la vez, que un nombre «se quede en la punta de la lengua» o que aprender algo nuevo tome más tiempo. Nada de esto, por sí solo, es enfermedad: es el ritmo natural de una mente que lleva décadas trabajando.

Y hay capacidades que se mantienen o incluso mejoran: el vocabulario, el conocimiento acumulado, la capacidad de leer situaciones sociales y la regulación emocional. Muchas personas mayores manejan mejor sus emociones que a los treinta.

Lo que merece atención

  • Olvidar conversaciones o hechos recientes completos, no solo detalles.
  • Perderse en lugares conocidos o confundir la fecha de forma repetida.
  • Dificultad nueva para manejar dinero, tomar medicamentos o seguir una receta que antes hacía sin ayuda.
  • Cambios marcados de carácter: irritabilidad, apatía, desconfianza sin motivo.
  • Que la propia persona, o quienes la rodean, noten que «ya no es la misma».

Si varias de estas señales aparecen y se sostienen, lo indicado es una evaluación neuropsicológica y médica. Detectar a tiempo cambia mucho el camino: hay causas tratables (depresión, problemas de tiroides, efectos de medicamentos) que se confunden con deterioro.

Qué protege la mente a cualquier edad

Vínculos. La soledad es uno de los factores de riesgo más fuertes para el deterioro cognitivo. Conversar, sentirse útil y querido, tener con quién reír, protege tanto como cualquier ejercicio mental.

Movimiento. Caminar a diario mejora el flujo sanguíneo cerebral y el ánimo. No hace falta un gimnasio: hace falta constancia.

Aprender. Un idioma, un instrumento, un juego nuevo, una receta distinta. Lo que importa es la novedad y el reto, no la dificultad.

Dormir y comer bien. El sueño es cuando el cerebro «limpia». Y una alimentación con más vegetales, pescado y menos azúcar se asocia con mejor salud cognitiva.

Atender el ánimo. La depresión en la tercera edad se disfraza de «olvidos» y de «ya no tiene ganas de nada». Tratarla devuelve, muchas veces, la memoria que parecía perdida.

Para la familia

Cuidar a un adulto mayor desgasta, y quien cuida también necesita cuidado. Repartir tareas, pedir ayuda a tiempo y mantener espacios propios no es egoísmo: es lo que permite seguir acompañando con cariño. Si en tu familia hay un adulto mayor con cambios que te preocupan, la terapia familiar es un buen lugar para ordenar qué está pasando y cómo acompañarlo.

¿Te reconoces en algo de lo que leíste? No es necesario estar en crisis para buscar ayuda. Escríbeme y conversamos sobre lo que estás viviendo.

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